Estrellas

Carmen Zambruno Muñoz

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[Fragmento del relato]

Lo más grande que hace que una madre se sienta afortunada son sus hijos; a la vez, cuando algunos se quedan en el camino, también es la desgracia más tremenda y devastadora que le puede pasar.

Estas cosas son las que una piensa que nunca te van a ocurrir, que sólo les pasa a los demás, y das consejos sin darte cuenta de lo que realmente es. Las palabras de mi madre me martillean en la cabeza. Ella como buena andaluza siempre decía “lo que es de menester es que no pasen”, y qué gran verdad. Nadie quiere que le lleguen estos momentos, que no tengamos que vivirlos.

Mi querida hija Alba, la tercera de mis hijos, hoy hubiera cumplido 36 años. Cuando nació llegó como un torbellino, rompió todos los esquemas de los dos anteriores. Era mi primera hija, después de Marcos y Nicolás. Alba era pura energía, la belleza personificada y con esa sensibilidad que desde pequeña siempre tuvo. Constantemente captaba las necesidades de cada uno para dar su cariño y apoyo.

Recuerdo que su embarazo fue fácil, ya era la tercera y yo era una gran experta, aunque el parto se complicó un poquito, sin llegar a ser malo. Alba llegó con muchas ganas de vivir y nosotros nos esforzábamos en darle el mejor entorno que pudiera tener.

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